Nacer en pandemia. Una carta de agradecimiento (*)

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Hemos leído en estos meses varias notas sobre parir y nacer en tiempos de pandemia,y no quisiéramos que ésta sea una nota más. Primero porque para nosotros es la historia de la llegada de nuestra deseada y esperada primera hija, pero además porque queremos poner el acentro en el sincero agradecimiento a todos aquellos que hicieron esto posible.

Era una posibilidad que el virus llegara a nuestra casa, pese a todos los recaudos que desde el inicio tomamos, y cuando eso finalmente pasó, hubo un ejército de profesionales dispuestos a ayudarnos. Agradecer a cada uno de ellos es la forma que hoy encontramos para destacar su labor.
Ángeles Acuña, la obstetra que se puso todo al hombro, incansablemente y con toda la humanidad y profesionalidad que la caracteriza, llevó adelante infinitas consultas, reuniones, videollamadas diarias que me hizo los 20 días de internación previo a dar a luz... Creo que hasta casi lloraba conmigo después de cada contacto diario que tuvimos...

La Dra. Eugenia Garay, los infectólogos Laura Yantorno y Juan Pedro Lozano y la hematóloga Mercedes Bolognani, profesionales que sin conocerme previamente como Ángeles, me siguieron durante toda la “internación Covid” no sólo realizando el seguimiento de los leves síntomas que por suerte yo tenía, sino acompañando ese aislamiento que acontecía mientras mi panza seguía creciendo, contestando cada una de mis preguntas, mirándome con ternura y pensando cada vez cómo hacer menos difícil lo que inevitablemente no podía dejar de serlo.

Enfermeros y personal de limpieza, sería injusta si mencionara sólo a algunos, aunque estoy tentada de hacerlo, pero todos y cada uno a su manera, cada vez que entraban a la habitación hacían más amena la soledad que allí yo podía sentir. Digo podía sentir porque ellos intentaban que yo no lo sintiera, algunas charlas con Antonela por la mañana, o a la medianoche cuando entraba Cristian y desde la puerta sabía ya por el tono de mi voz que una vez más el hisopado había dado positivo, y también él sentia ganas de llorar (y alguna vez hasta se le empañaron las antiparras).

A todo el Hospital Español de La Plata, a los médicos que participaron de la cesárea, a Marisa Rost, partera que tuvo también las palabras justas en cada momento, y aunque no acompañó el dolor de las contracciones, acompañó otro dolor que sólo con palabras se podía aliviar, a todos infinitas gracias, de todo corazón, por permitir que la pesadilla que precedió a la llegada de nuestra hija, termine con el mejor final, hoy en casa, los tres juntos, felices y empezando a transitar la aventura de ser padres.
Gracias a todos, una vez más!!!!!

Cecilia, Edgardo y Rebeca.-

(*) Publicada en el diario El Día el 1° de julio.